aprueba PISA

¿Político pobre es pobre político?

"Hoy en sociedades de masivos pragmatismos y dé­biles referentes programáti­cos, de más consumidores– votantes, con independientes por doquier, con políticos an­tipolíticos, el dinero ha se­cuestrado a gran parte de la actividad política"

Javier Barreda 

Publicado: 2017-02-14

Se le atribuye la frase a un recorrido políti­co mexicano, Carlos Hank González, un profesor de escuela que in­gresó al PRI, pasando por di­versos cargos de confianza y de elección, durante décadas en las que este viejo partido era el único después de su Re­volución. Logró ser un influ­yente empresario y político mexicano que al morir se le calculó una fortuna de 1300 millones de dólares y de él es la descorazonadora frase “un político pobre es un pobre po­lítico”. Traducciones: si no tie­nes dinero no ingreses a la po­lítica o si necesitas más poder requieres más dinero. 

La política estuvo acecha­da siempre por el dinero. Para no pocos el poder im­plicó la oportunidad que te permitiría aquella “tranqui­lidad” posterior o los recur­sos para mantenerte cercano a él. En políticos pragmatiza­dos o seducidos por el poder, el dinero fue clave. Sin embar­go, la propia sociedad les po­nía límites.

En 1990 tuvimos en la campaña millonaria de Mario Vargas Llosa y el Fre­demo una de las causas de su derrota. Un Perú social aún ideologizado y distribucionis­ta, rechazó aquella retórica li­beral y estéticamente millo­naria. Hoy en sociedades de masivos pragmatismos y dé­biles referentes programáti­cos, de más consumidores– votantes, con independientes por doquier, con políticos an­tipolíticos, el dinero ha se­cuestrado a gran parte de la actividad política.

Ante cos­tosas campañas políticas (de nacionales a locales) es poco claro el límite entre el finan­ciamiento “permitido” y el “no permitido”. Las campañas es­tán más asociadas a una in­versión y una recuperación incremental.

Lo develado de Odebre­cht y más empresas brasile­ñas como la penosa situación de Alejandro Toledo, por el pago de 20 millones de dóla­res a su favor, va a enraizar la auto-desconfianza colectiva (no solo sobre los políticos); pero también pone sobre la mesa la discusión acerca de los “fines” del quehacer polí­tico y la urgencia por limitar la lógica dinero-poder-más dinero-más poder.

¿Qué fue primero en el joven profesor de primaria Hank González, la ilusión po­lítica o la idea de hacer dine­ro desde la política?; ¿hubo alguna vez en él un sincero deseo de cambiar la reali­dad de Toluca?, ¿cuándo se desenganchó de la inquie­tud revolucionaria original y concibió la política como medio de acumulación pri­vada, tan emblemática en México? ¿Y cuándo se jodió Alejandro Toledo?, ¿hubo alguna vez en él un sincero deseo de hacer del país un Perú posible?, ¿en los días de la Marcha de los Cuatro Suyos ya tenía aquella escala de valores con la que pensa­ba que es pobre ser un polí­tico pobre?, ¿no generó sos­pecha en quienes eran parte de su entorno sus sucesivas contradicciones? Toledo fue un outsider de partido efí­mero y con mucha suerte; Hank González era trajina­do y polémico político de un partido longevo. Pero ambos tenían muy aprendido aque­llo que “político pobre es un pobre político”. Y por último, ¿hay espacio en este mundo para una política de servicio, libre del dinero? Aún lo hay.

Publicado en Exitosa Diario, 9 de febrero del 2017


Escrito por

Javier Barreda

Sociólogo PUCP y docente. Escribe, escucha más, propone y emprende. Fue Vice de Promoción del Empleo y de Desarrollo Social. En sueños.


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